EMAILGELIO 26 de marzo de 2017 Featured

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Ver con el corazón

Emailgelio 271 del 26 de marzo de 2017 – Cuarto domingo de Cuaresma (A)

 

En aquel tiempo, al pasar Jesús vio a un hombre ciego de nacimiento. Escupió en la tierra, hizo barro con la saliva, se lo untó en los ojos al ciego, y le dijo: “Ve a lavarte a la piscina de Siloé (que significa Enviado)”.

Él fue, se lavó y volvió con vista. Y los vecinos y los que antes solían verlo pedir limosna preguntaban: “¿No es ese el que se sentaba a pedir?”. Unos decían: “El mismo”. Otros decían: “No es él, pero se le parece”. Él respondía: “Soy yo”.

Llevaron ante los fariseos al que había sido ciego. (Era sábado el día en que Jesús hizo barro y le abrió los ojos). También los fariseos le preguntaban cómo había adquirido la vista. Él les contestó: “Me puso barro en los ojos, me lavé y veo”. Algunos de los fariseos comentaban: “Este hombre no viene de Dios, porque no guarda el sábado”. Otros replicaban: “¿Cómo puede un pecador hacer semejantes signos?”. Y estaban divididos. Y volvieron a preguntarle al ciego: “Y tú, ¿qué dices del que te ha abierto los ojos?”. Él contestó: “Que es un profeta”. Le replicaron: “Empecatado naciste tú de pies a cabeza, ¿y nos vas a dar lecciones a nosotros?”.

Y lo expulsaron. Oyó Jesús que lo habían expulsado, lo encontró y le dijo: “¿Crees tú en el Hijo del Hombre?”. Él contestó: “¿Y quién es, Señor, para que crea en él?”. Jesús le dijo: “Lo estás viendo: el que está hablando contigo ese es”. Él dijo: “Creo, Señor”. Y se postró ante él. (Jn, 9, 1. 6-9. 13-17. 34-38)

            Aquel ciego de nacimiento no solo se siente curado de su ceguera física, sino que sobre todo empieza a ver las cosas y la vida de una forma nueva.

            Tras ver a Jesús primero como un hombre bueno y luego como un profeta, finalmente se confía totalmente a Él con un sincero: Creo, Señor, que equivale a un me fío de Ti, confío en Ti. De la luz de los ojos ha pasado a la luz del corazón que iluminará toda su existencia.

            A partir de ahora procurará ver el mundo y las personas con los ojos y el corazón de Dios. Y lo que irá aprendiendo, con la visión recién estrenada, es que Dios es mucho más benévolo que los humanos. Nosotros tendemos a despellejar al que nos cae mal, lo vemos con malos ojos. El Señor nos enseña a mirar con el corazón y a tratar de llegar al corazón del otro. No se trata de volverse ciego ante el mal que existe ni dejar de luchar contra él, pero sí de mirar a las personas con misericordia. Como las miraba Jesús y como las mira Dios nuestro Padre.

Un personaje de “El Principito” dice que “solo con el corazón se puede ver bien; lo esencial es invisible para los ojos”.

Lo esencial se ve con el corazón. Por eso, más que nuestros ojos, necesitamos curar nuestro corazón para ver con buenos ojos a nuestro hermano o hermana, que, a veces incluso bajo apariencias desagradables, tiene algo importante que mostrarnos. Necesitamos de un corazón limpio para descubrir huellas de Dios en muchas realidades humanas. Necesitamos del corazón para saborear la vida y disfrutar sin prejuicios de las relaciones de unos con otros; para saber perdonar y aceptar el perdón; para no mirarnos solo a nosotros mismos sino también acoger y comprender a los demás. Necesitamos curar el corazón para creer y confiar. De corazón decimos al Señor: Creo, Señor, confío en Ti, me fío de Ti.

                                               Ignacio Otaño SM

 

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