No temas Print
Emailgelio 93 / No temas

 

emailgelio90Los creyentes sabemos por experiencia que reconocer nuestro pecado ante Dios no es destruirnos, sino renacer como hombres nuevos. La culpa, cuando es asumida con responsabilidad y cuando se la sabe perdonada por el amor de Dios, no anula al hombre, sino que le hace crecer. Pocas veces un creyente se siente más humano que cuando sabe confesar como Pedro: "Señor, soy un hombre pecador". Vivo demasiado cerrado a Dios, de espaldas a la verdad, contaminando egoísmo allí por donde paso, matando la esperanza de la gente, llenando el mundo de mentira, negando el verdadero amor a todos, renunciando a lo mejor de mí mismo, dando muerte a la vida. Y pocas veces crece con tanta fuerza nuestra capacidad de regeneración como cuando escuchamos con fe agradecida esas palabras inolvidables dirigidas al fondo más íntimo de nuestro ser: "No tengas miedo".
Emailgelio 90 / Alegría y amor

 

emailgelio90Este domingo, el evangelio nos vuelve a regalar el relato de las bodas de Caná. Sitúate en Caná y colócate junto a una de las enormes tinajas de piedra llenas de agua que Juan, intencionadamente, dice que eran “de piedra, destinadas a las purificaciones de los judíos”. Es su manera de hacer ver la rigidez pétrea y la inutilidad del agua a la hora de animar una fiesta. Siente todo lo que hay de agua encerrada e inmóvil en tu vida, todo aquello a lo que quizá das valor de “purificarte” o acercarte a Dios, pero que te deja frío y es tan incapaz como la piedra de movilizar tu vida. Contempla después la sala de bodas, después de haber circulado entre los invitados el vino que contienen ahora las tinajas: la preocupación se ha convertido en júbilo, hay una comunicación expansiva, se brinda por los novios... Reconoce y agradece todo lo que en tu vida se parece al vino, lo que te dilata y anima, lo que te da sentido de fiesta. Acércate a María y cuéntaselo. Pídele que te acompañe hasta donde está Jesús y que le susurre: “No tiene vino... pero quiere hacer lo que tú le digas”.