Colegio Santa María del Pilar Marianistas

Nos toca la Tierra

En el corazón del proceso REM se encuentran, perfectamente integradas, las dos finalidades esenciales de la escuela marianista: 

1ª. Ayudar al alumno a desarrollar lo mejor de sí mismo construyendo su propio proyecto de vida. Ayudar a que el alumno forje su ser-persona en su totalidad y plenitud hasta su máxima expresión, siguiendo el modelo de un Jesús que encarnó la mayor sensibilidad humana y espiritual al servicio de los demás.

2ª. Ayudar a que este alumno-persona completa, se integre creativa y constructivamente en el mundo que le ha tocado vivir y así poder transformarlo. No era la primera vez que los marianistas escuchábamos esta propuesta de ciudadano transformador de la sociedad (ya que se encontraba en el propio germen fundador de la institución) ni era la primera vez que se explicitaba la necesidad de considerar objeto esencial de educación la sensibilidad social y el sentido social.

La opción por el verbo recrear no es casual y merece especial atención. Significa en primer lugar reconocer que, verbos tales como reflexionar, modificar, hablar, cambiar, innovar, soñar, mejorar… con ser importantes, se quedan cortos.

Recrear nos invita a crear, no a imitar; a reproducir siguiendo las características de un modelo, es decir a sistematizar el proceso fundacional de la escuela marianista en sus inicios con el fin de establecer un itinerario riguroso que pudiéramos recorrer en el presente. Se trata, en suma, de recuperar la sensibilidad fundacional que se encuentra en el origen de las razones que motivaron el nacimiento de la escuela marianista en el complejo y convulso momento vivido tras la revolución francesa de 1789.

Este proceso que hemos llamado Recrear la Escuela Marianista (REM) consiste en recuperar la experiencia fundante y recorrer, actualizado al momento presente, el camino que siguió la escuela marianista, en sus inicios y a través de sus grandes maestros, para constituirse en una oferta pedagógica capaz de responder a los retos educativos de la sociedad del momento.

Tiene razón el papa Francisco cuando afirma que la educación afronta la llamada "rapidación", que encarcela la existencia en el vórtice de la velocidad tecnológica y digital, cambiando continuamente los puntos de referencia (PEG, 2019).

Ante este panorama en que -sigue diciendo el papa- la identidad misma pierde consistencia, lo más difícil es hacerse las preguntas adecuadas. Hemos pensado que era imprescindible ir más allá de la mera transformación de procesos, más allá del cambio obligado de personas, espacios y mobiliario, más allá del reclamo metodológico. Es decir, la pregunta no es "qué y cómo vamos a cambiar e innovar" sino "cómo recrear hoy la tradición educativa marianista en un colegio, en estas nuevas circunstancias".